Magnetoterapia con Imanes

Al aparecer una patología el cuerpo avisa de esa disfunción mediante el dolor, hoy podemos paliar el dolor por medio de magnetoterapia con imanes. El dolor es producido por una diferencia de cargas magnéticas en el organismo, y aunque es conveniente este anuncio en forma de molesta sintomatología. Por medio de la creación de campos magnéticos en el interior de nuestro cuerpo llegamos a regenerar el equilibrio celular, que está descompensado mientras suframos cualquier tipo de dolencia. Hoy en día los traumatólogos y fisioterapeutas recurren a los imanes habitualmente para obtener resultados más eficaces en sus tratamientos. Es tan amplio el espectro de utilización de la magnetoterapia, llegando a aliviar hasta 250 patologías, que incluso también a nivel doméstico se comercializan aparatos portátiles para que todas las personas puedan beneficiarse de sus ventajas desde casa.

Los imanes son precursores de la actual magnetoterapia portátil y han sido utilizados desde antiguo por sucesivas culturas. No sólo con un fin terapéutico sino también estético, pues la misma Cleopatra empleaba asiduamente estos minerales para mantener su piel tersa y joven. Debido al presente desarrollo tecnológico estamos sometidos de forma continua a la influencia ajenos campos electromagnéticos que desestabilizan nuestro propio biomagnetismo. Es aquí donde los imanes pueden sernos también de gran interés en la actualidad, y aunque las numerosas aplicaciones se han ido ampliando conforme se descubrían nuevas propiedades de los magnetos, sus efectos secundarios o contraindicaciones siguen siendo prácticamente nulas. La contaminación electromagnética causa en nuestro organismo un estado de nerviosismo y apatía que muchas veces desencadena fases de ansiedad, dolor de cabeza e insomnio. El vigor y ánimo se pueden recuperar con tan sólo aplicar por un determinado tiempo, un imán lo suficientemente potente para compensar el desbarajuste ocasionado por las radiaciones externas. Se procura reproducir el campo magnético de la Tierra en aquella área del cuerpo afectada, para así elevarla a valores más altos de intensidad y frecuencia.

Se ha de tener en cuenta entonces la fuerza de los imanes empleados en magnetoterapia, cuya medida, en unidades gauss o tesla corresponde a esta relación: 1 tesla equivale a 10000 gauss. Al adquirir un magneto para uso personal o casero, debes considerar que el potencial que llegue a un determinado órgano o tejido interno se va a reducir casi a la mitad al aplicarlo sobre la piel, pues no se llega a transmitir toda su fuerza o capacidad magnética. Ésta se pierde conforme se incrementa la distancia a la zona que queremos tratar. Pero también en función del material con que esté hecho el imán, sus propiedades pueden reducirse paulatinamente con el tiempo. Todo magneto se caracteriza por la atracción que presenta hacia el hierro, así como por su poder de crear un campo magnético exterior. Este tipo de material puede encontrarse de manera natural presente en la naturaleza, como la magnetita, o bien se puede sintetizar a partir de la aleación de varios elementos, como por ejemplo el neodimio y níquel. La ferrita es uno de los imanes cuyo potencial se va disipando con el paso de los años. Sin embargo los magnetos de cobalto y platino son los que se consideran de mayor calidad, siendo junto al neodimio aquellos que más se emplean en las pulseras magnéticas.

Los beneficios de los imanes ante ciertas dolencias son de sobra conocidos, así se emplean desde tiempos pretéritos para aplacar la rigidez tanto en músculos como en articulaciones, aliviando cualquier dolor corporal dadas sus virtudes analgésicas. Además de regular la tensión arterial, entre sus efectos está también el de incrementar la secreción de las vitalizadoras hormonas, por lo que se consigue una mayor inmunidad frente a determinadas enfermedades. Los imanes que se emplean en la terapia magnética suelen ser delgados y con una base circular, de esta manera se procura una mejor adaptabilidad a nuestro cuerpo en su aplicación. El polo positivo-negativo se situará en cada cara del magneto. En cuanto al tiempo que deben mantenerse sobre la zona a tratar, será más breve cuanto mayor sea la potencia del imán, la cual se relaciona muchas veces con su tamaño. Los minerales más pequeños como los que se utilizan en las pulseras magnéticas pueden llevarse en cualquier momento, presentando una fuerza de 1000 gauss aproximadamente.

Además de los beneficios que presenta la aplicación de magnetoterapia con  imanes frente al dolor, siendo de gran ayuda para contrarrestar inflamaciones o contracturas, una de las mayores ventajas del empleo de los magnetos radica en su atracción por la hemoglobina presente en el torrente sanguíneo. Esto es así por el hierro contenido en su estructura atómica. Es fácilmente observable cómo al situar un imán en una zona determinada del cuerpo, ésta comienza a adquirir un tono rosado, y es debido a que se incrementa la afluencia de sangre en ese lugar, a causa de la atracción del hierro por el magneto. Una de las consecuencias más directas e interesantes de la mayor irrigación, es la oxigenación celular que esto supone. De esta manera se puede afirmar que en los tratamientos de magnetoterapia con imanes se produce un aumento del metabolismo en los tejidos y una más rápida regeneración de las células, adquiriendo la piel una apariencia rejuvenecida y sirviendo así como un natural y efectivo tratamiento estético.