El camino del yoga es el camino del Conocimiento, y el fin de todo conocimiento verdadero es encontrar el Espíritu dentro de nosotros e identificarnos con él. Por eso reviste una extrema importancia llegar a conocer de algún modo la naturaleza del alma y sus formas, si de veras queremos entender los fines e introducirnos en la práctica del yoga. Todo lo que nos llega de Oriente y que en Occidente catalogamos como “terapias alternativas” consiste en una variada gama de métodos nuevos para nosotros. Unos son útiles a la mente occidental, otros no lo son en absoluto. No hay vía fácil hacia la Iluminación.
Hoy todo el mundo pretende encontrar en el yoga, sin demasiado esfuerzo por su parte, la solución a todos los males. La mayor parte de las personas habitan en el plano de sus emociones o, a lo sumo, de su mente inferior. Si estas dispuesto a esforzarte, por el Yoga se eleva el nivel de la conciencia, que alcanza primero la mente superior, sede de los pensamientos e ideales abstractos, y luego, en ráfagas de Iluminación, paulatinamente remplazadas por un estado continuo, el plano de la intuición o Conocimiento Puro, donde la reflexión no es ya necesaria y donde el conocedor se identifica con lo que conoce, formando un todo. Desde este punto de vista, la práctica del Yoga podría llamarse cultivo de la conciencia. Aquellos que buscando el yoga encuentran al Maestro, de ahí en adelante estarán en el mundo sin ser del mundo; servirán al mundo, mas no serán ya nunca sus esclavos. En la meditación verán trascendidos los objetos e incluso sus nombres y definiciones. Habrán penetrado en un mundo cuya escala de valores es la naturaleza esencial de las cosas y no su apariencia externa, un mundo donde por vez primera el que medita se ve liberado de la tiranía de las formas.
Ante mí se despliega una Senda.
No hay vía de retorno. Sólo, a mis espaldas, una puerta cerrada."