Yoga Kaivalya Aislamiento Trascendental del Alma

Los libros sagrados de la India, la filosofía yoga, aluden al “aislamiento del alma” Kaivalya Upanishad. Y los estudiantes occidentales algunas veces imaginan que esto es el aislamiento al que se refiere esta cita: “Millones de mortales vivimos aislados”... Pero no lo es. No es la soledad que llega de esas máscaras y corazas en que se han convertido las personas y separan a los seres humanos unos de otros, de modo que cada uno transita por un oscuro desierto, sin nunca conocer al que con ellos camina por próximo que este se encuentre. Kaivalya es la separación del alma de la totalidad de los fenómenos materiales, de los cuales forman parte las máscaras, corazas y murallas de los otros espíritus. Tal como se afirma en el aforismo XXV de Patanjali, “al cesar la superposición, se produce el aislamiento del alma”. Sólo por la fuerza de esta conexión es por lo que, la para siempre liberada alma, se considera a sí misma, relegada y despreciable, y por lo tanto, al disolver la causa mediante un apropiado conocimiento, el alma debe necesariamente conocerse a sí misma y asumir su naturaleza esencial.

A la siempre prístina y gloriosa naturaleza del alma, se le llama en yoga “Kaivalya”, aislamiento trascendental, un estado no restringido por ninguna condición. Esto es “Moksha”, la absolución del último y más elevado grado. De hecho, esto es el “Nirvana”. En el aforismo XXVII de Patanjali se nos dice que en la última fase del Yoga, la iluminación es séptupla. A esta etapa se llega sólo cuando se adquiere el continuo discernimiento de que se habla en el aforismo XXVI. “Las siete etapas están dispuestas de acuerdo con la proximidad de cada una al fin deseado, que se encuentra en la última. Estas etapas están divididas en grupos de cuatro y tres; el primer grupo en relación con lo objetivo, y el segundo, con lo subjetivo”.